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¿Tu hijo es exigente al comer? Es probable que no sea su culpa

¿Tu hijo es exigente al comer? Es probable que no sea su culpa
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Los hábitos alimenticios de los hijos son una de las cosas que más molestan a los padres. Y la mayoría de los padres saben que probablemente es su culpa, ya que este tipo de comportamientos se fomentan en casa. Muchas veces teniendo que cocinar diferentes platillos para diferentes miembros de la familia.

La psicóloga infantil del Hospital Infantil de Birmingham, Dr. Gillian Harris, busca encontrar la forma de reducir la ansiedad que se genera a la hora de la comida en muchas casas, en donde el mayor problema es el consumo de verduras. Su teoría es que al momento en el que los adultos se retiran del cuarto, los niños comen.

El miedo a cosas nuevas se conoce como neofobia, y es algo común entre los niños. Las verduras por lo general tienen un toque de amargura, y desde un punto evolutivo es un concepto de supervivencia. Además la Dra. Harris cree que el hecho de esperar hasta los seis meses para darles a los bebés alimentos texturizados es parte del problema. Ella cree que la introducción tardía a los grumos conduce al rechazo de texturas.

Según la psicóloga, para los niños es bastante inhibidor que sus padres les estén diciendo constantemente “Tienes que comer esto” o “Tienes que probar esto”. Para probar su teoría, reunió a 11 niños y a sus padres en un restaurante de sushi en Londres. Quería probar si los niños quisquillosos al comer eran más aventureros que lo que sus padres pensaban. Antes les pidió a los padres que llenaran un cuestionario con los tipos de alimentos que a sus hijos les gustan, también prediciendo que alimentos les gustarían y cuales odiarían.

Coloco diferentes alimentos enfrente de los niños, 26 en total, y les pidió a los padres que no estuvieran presentes. Los alimentos fueron algo exóticos, por ejemplo piel de salmón seca con salsa teriyaki envuelto en alga marina. Los niños eran libres de probar lo que querían, eso sí, están conscientes de que habría un premio para aquellos que probaran todos los platos. La mayoría de los niños probaron la mayor parte de platos, los calificaron y explicaron porque no los querían comer.

Después de recoger las puntuaciones y compararlos con los cuestionarios de los padres, la psicóloga se dio cuenta que los padres clasificaron a sus hijos como muy neofóbicos (un promedio de 22.3 puntos en un total de 30 en una escala de exigencia). Sin embargo los niños probaron la mayoría de los platos y dijeron que lo volverían a comer. Según ella la claves estuvo en que los padres no estuvieron presentes, la libertad de probar o no, y el hecho de que existía una recompensa no comestible.

Vía | The Telegraph

Imagen | David Goehring

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