Si alguna vez probaste huevos en un restaurante japonés y te preguntaste por qué quedan tan suaves, casi temblorosos, como un flan salado, la respuesta no está en la mantequilla ni en la crema. Está en algo mucho más simple: agregar agua y batir correctamente.
En la cocina japonesa existen preparaciones como el tamagoyaki (omelette enrollado) y el chawanmushi (huevo al vapor) que se caracterizan por una textura sedosa y ligera. Esa consistencia no es casualidad: se logra al incorporar líquido a la mezcla y batir hasta integrar aire.
El truco: agua y espuma
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Para lograr una textura más suave en huevos revueltos o tipo omelette, basta con añadir una pequeña cantidad de agua —aproximadamente una cucharada por cada huevo— antes de batir.
Esto funciona porque el agua se convierte en vapor durante la cocción, lo que genera pequeñas burbujas que hacen que el huevo quede más esponjoso y delicado. Es una técnica ampliamente utilizada en cocinas asiáticas y también recomendada por chefs para evitar huevos secos.
El siguiente paso es batir hasta que la mezcla tenga una ligera capa de espuma en la superficie. Esa espuma indica que se incorporó aire, lo que contribuye a una textura más ligera.
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Cómo prepararlo paso a paso
Casca los huevos en un tazón.
Añade una cucharada de agua por cada huevo.
Bate con energía hasta integrar completamente y generar un poco de espuma.
Cocina a fuego bajo en un sartén antiadherente, moviendo suavemente.
La clave está en el fuego bajo y en no sobrecocer. Si el huevo se cocina demasiado, perderá esa textura tipo flan que buscamos.
El resultado es un huevo mucho más suave, húmedo y ligero. No sabe aguado, sino más delicado.
Imágenes: Directo al Paladar /creado con IA de Gemini y Freepik
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