Para algunos, el clásico cubito de caldo es un salvavidas en la cocina. Otros prefieren evitarlo por sus ingredientes o conservadores. Pero hay una tercera opción: prepararlo en casa.
Y aunque pueda sonar complicado, la realidad es que hacer tu propio sazonador casero es mucho más sencillo —y económico— de lo que imaginas. Además, puedes congelarlo durante semanas y tener siempre una reserva lista para darle sabor a sopas, arroces, guisos o cualquier receta.
Porque sí: a veces esos pequeños trucos de cocina son los que hacen toda la diferencia.
La receta es de Edna Alanís, quien comparte una versión casera hecha con pollo, verduras y hierbas aromáticas que puedes conservar en el congelador hasta tres meses.
1. Cocina las verduras lentamente
En un sartén con un poco de aceite de oliva sofríe la cebolla, ajo, zanahoria y poro previamente picados.
Después incorpora el apio y los rabos de cebollita.
Condimenta con sal, pimienta, paprika, orégano, tomillo y una hoja de laurel.
Aquí está uno de los secretos más importantes: cocina todo a fuego muy bajo. La idea es que las verduras suelten sabor poco a poco, sin quemarse.
2. Agrega las hierbas frescas
Cuando las verduras estén suaves incorpora el perejil.
Mantén siempre el fuego bajo para seguir concentrando sabores.
3. Cocina el pollo
Retira temporalmente las verduras del sartén y aprovecha toda la grasa y jugos que soltaron para cocinar el pollo.
Cuando esté casi cocido —todavía jugoso— vuelve a integrar las verduras.
Termina de cocinar todo junto.
4. Licúa la mezcla
Pasa toda la preparación a una licuadora o procesador.
Licúa hasta obtener una pasta homogénea.
Proceso para hacerlo
5. Deshidrata la mezcla
Regresa la pasta al sartén a fuego muy bajo para evaporar humedad poco a poco.
También puedes hacerlo en horno a temperatura baja.
Este paso es importante porque ayuda a concentrar sabores y mejorar la conservación.
6. Forma los cubos
Cuando la mezcla tenga una consistencia mucho más espesa, retírala del fuego.
Colócala sobre una charola cubierta con aluminio o papel encerado y forma una capa uniforme.
Lleva al congelador toda la noche.
Al día siguiente corta en cubos pequeños.
7. Úsalo cuando quieras
Una vez congelados, ya puedes usar tus cubos caseros para agregar sabor a sopas, arroz, pasta, guisos o cualquier preparación.
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