30% de la dieta mexicana tiene alimentos procesados y estos son los riesgos de consumirlos

30% de la dieta mexicana tiene alimentos procesados y estos son los riesgos de consumirlos
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Todos convivimos con ellos. Los vemos por toneladas en el supermercado, en la tiendita de la esquina, hasta en los vegetales que creemos que jamás tendrían químicos para preservarlos. Pero sí: por muy invisibles y todo, están ahí. ¿Qué tan malos son los alimentos procesados para el consumo humano? Bueno, acá te lo decimos.

Antes que todo, debe quedarte claro qué es un alimento procesado. La respuesta es fácil: se trata de todos aquellos que pasan por una fábrica que los adiciona con “algo”. Puede ser desde practicidad —por ejemplo una ensalada lavada para que no pases mucho tiempo preparándola—, duración útil —como cuando compras artículos con conservadores que permiten que te duren mucho más, incluso abiertos—, o hasta fortificados con vitaminas y minerales.

De acuerdo con la Universidad de Sao Paulo, en Brasil, en esta categoría entra toda aquella comida que ha sido modificada con sólo dos o tres ingredientes. A su vez, los ultraprocesados se diferencian por el hecho de que para producirlos se necesita agregar azúcares, grasas o sal (lo cual, como seguramente ya sabes, los vuelve adictivos).

Éstas últimas son opciones que pasan mucho más tiempo en proceso de fabricación, y que tienen como objetivo ser más ricas al gusto. El hecho de si encajan mejor dentro del terreno de los procesados o ultraprocesados depende, más bien, de cuánto tiempo y por cuántos procesos fabriles hayan pasado antes de llegar a tu mesa.

¿Son verdaderamente malos?

Sí y no. Depende más bien de cuánto te midas tú para comerlos. Está comprobado que consumir ingredientes procesados favorece el aumento de peso en el comensal. No obstante, cuando se mensuran las mismas variables con platillos ultraprocesados, éstos propician mucho más el aumento de problemas cardiovasculares y diabetes.

Datos del Colegio de México afirman que nuestro país es el número uno en nivel de consumo de este tipo de comida en América Latina. En promedio cada persona se lleva a la boca 214 kilos de ella al año: acá se consideran bebidas azucaradas, snacks, botanas y cereales.

Es más: The Nutrition Society consigna que la dieta de los mexicanos se compone por un 30% de ella. Estados Unidos es el segundo país del mundo más comprador en este mercado de alimentos procesados y, el nuestro, el tercer mayor productor de ellos en América Latina. Preocupante, ¿no?

Algo que nadie puede negar es que los índices de obesidad en los mexicanos siguen creciendo. A ellos, como ya vimos, contribuyen muchos factores. Quizá uno de los más relevantes sea el consumo de productos procesados y ultraprocesados; no obstante, también deben contarse la inactividad física y la elección de comer ingredientes con alto contenido en grasas.

Las nuevas generaciones tienen grandes retos. Uno de ellos, quizá de los más importantes, es romper con este tipo de esquemas alimenticios que nos favorecen tan poco. No es imposible. Siempre hay formas de salirse de las costumbres insanas, para comer mejor, nutritivo y delicioso.

Fuentes: Colegio de México | NBS News

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