En cualquier cocina mexicana que se respete hay un molcajete. Es más que un utensilio: es tradición, sabor y técnica. Pero hay algo que muchos pasan por alto al estrenarlo: curarlo correctamente. Y no, no basta con el clásico arroz y ajo. Existe un paso extra que casi nadie hace y que puede marcar por completo el resultado de tus salsas.
Aquí te explico cómo hacerlo bien, con un método completo que aprendimos del canal de YouTube de Karen, mejor conocida como Mi cocina rápida.
¿Por qué es tan importante curar un molcajete?
El molcajete está hecho de piedra volcánica, un material poroso que puede soltar residuos al inicio. Si no lo curas correctamente:
Puede soltar “arenilla” en tus preparaciones
Alterar el sabor de tus salsas
Reducir su durabilidad
Curarlo no solo es limpieza: es preparar la superficie para que funcione como debe.
Paso a paso para curar tu molcajete
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Lava muy bien antes de empezar
Enjuaga el molcajete con agua y jabón para retirar polvo superficial. Déjalo secar completamente.
Muele arroz con sal de grano
Agrega un puñado de arroz y sal gruesa. Machaca hasta que se haga polvo y distribúyelo por toda la superficie.
Forma una pasta
Añade un poco de agua y sigue moliendo hasta obtener una pasta. Tip clave: si el color sale gris, es completamente normal. Es la piedra liberando residuos.
Repite el proceso
Lava y repite este paso dos o tres veces, hasta que la pasta deje de salir gris y se vea más blanca.
Sella con ajo
Una vez limpio y seco, machaca 3 o 4 dientes de ajo en todo el molcajete. Esto ayuda a aromatizar y a terminar de limpiar la superficie.
El paso que casi nadie hace (y hace toda la diferencia)
Aquí está el secreto: Agrega un chorrito de aceite y distribúyelo por todo el molcajete, incluso por fuera, como si lo “barnizaras”. Después:
Mételo al horno a 200 °C (400 °F) durante 20 minutos
Déjalo enfriar por completo
Lava nuevamente con agua
Este proceso ayuda a sellar la piedra, reducir la porosidad y evitar que absorba sabores indeseados.
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Después de este proceso, tu molcajete estará listo para lo importante: hacer salsas que sí saben. Notarás la diferencia desde el primer uso: mejor textura, sabores más limpios y cero residuos.
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