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Marquesitas: conoce la historia y preparación de este delicioso postre yucateco

Marquesitas:  conoce la historia y preparación de este delicioso postre yucateco
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¿Has ido a Yucatán? Entonces sabrás que es una tradición encontrar los típicos carritos en los que que preparan las famosas "marquesitas", sí, ese postre que entre sus ingredientes principales se encuentra el queso de bola holandés y la cajeta. ¿Conoces su historia y cómo se elaboran? ¡Te contamos!

Estás en Yucatán de visita y de pronto ves pasar un carrito con una plancha de metal grande. El letrero te indica de manera llamativa que "se venden marquesitas", te acercas para descubrir una delicia: un antojito dulce que se prepara al momento sobre una plancha de hierro caliente y cuyo protagonista es el delicioso queso de bola holandés, del que va relleno.

Sus ingredientes base son el huevo, la leche, la harina y la mantequilla, de lo que está hecho el cono cilíndrico tipo barquillo que tanto caracteriza a la marquesita. Una vez que lo rellenan, de sus extremos salen como bigotitos de queso bola y puede llevar encima un complemento extra: nutella, mermelada y el clásico y original: la cajeta, que le concede un delicioso sabor, se trata de un gusto entre dulce y salado, nació en Yucatán y poco a poco se ha expandido hacia otros estados, inclusive las podemos encontrar en la Ciudad de México.

¿Cuál es su historia?

Este postre surgió en el año 1937, cuando el nevero Leopoldo Mena, hacía su trabajo en las calurosas calles de Yucatán. Él notó que durante la temporada invernal las ventas con las que sostenía a su familia disminuían drásticamente; fue así como sintió la necesidad de hacer un negocio alterno y echar mano de un recurso que conocía y sabía preparar: los barquillos. El producto fue bien recibido entre los clientes, sin embargo, se le criticó el grosor y la dureza del cono. Doña Carmen Muñoz, su esposa, le recomendó cambiar la receta y el resultado fue satisfactorio: del ingenio nació una masa delgada y crujiente que se puede enrollar, fácilmente, en forma de flauta. Tiempo después, don Polo, como le dicen sus clientes, las comenzó a rellenar de queso holandés de bola.

El queso aportaba un toque salado y complejo con notas amargas, mientras que el relleno (que puede ser mermelada, cajeta o leche condensada), logra equilibrar el gusto dulce y hacen de esta combinación, una deliciosa explosión de sabor en el paladar.

En aquella época (y hasta el día de hoy), la combinación de sabores causó furor. Con el tiempo, el gusto y creatividad de los consumidores se ha ido modificando la receta original y se han creado un sinfín de combinaciones.

¿Cómo se hacen?

La masa queda dura similar a la de un barquillo pero de consistencia más suave, y el sabor es como el de una crepa normal.

Es importante que el resultado sea de textura crujiente, por lo que la mezcla se vierte entre dos placas, de preferencia de hierro, previamente calentadas a fuego directo. Al ejercer presión en ambas placas, la masa se distribuye creando una película delgada similar a una tortilla. Después se retira el exceso con un cuchillo y se raspan las orillas. Cuando se termina de cocer, se le colocan los ingredientes deseados y se enrolla rápidamente para formar un cilindro que se endurecerá conforme se seque. Por último, se decora en un extremo con más queso de bola rallado y se deposita de manera vertical en una bolsa de papel.

¡Ahora sí! A disfrutar, ¿las has probado? ¡Cuéntanos!

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