De vender pan en canastas en el Cerro del Chiquihuite a conquistar el centro del país: la historia de Lecaroz

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Cristina Díaz

Editora en Jefe
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Cristina Díaz

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Más de 12 años de experiencia en medios digitales y redes sociales. Enfocada en lo soft news y viral. 

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Hablar de Lecaroz es hablar de una de las panaderías más importantes del centro del país. Con más de 150 sucursales en Ciudad de México, Puebla, Querétaro y Morelos, y casi seis décadas de historia moderna, la marca se ha convertido en un referente del pan dulce, la repostería y, por supuesto, del pollo rostizado. Pero su historia no comenzó con vitrinas iluminadas ni grandes fábricas. Empezó con una canasta sobre la cabeza y recorridos puerta por puerta.

De panadería de barrio a cadena consolidada

La etapa más conocida de Lecaroz comenzó en 1972, en el barrio de San José, en Cuautepec, al norte de la Ciudad de México. La familia elaboraba pan y lo vendía en el Cerro del Chiquihuite, tocando puertas y ofreciendo producto fresco a los vecinos.

El sabor hizo su trabajo. Ese mismo año abrieron su primera sucursal formal, bajo el concepto de “panadería de barrio”. Para la década de los 80 ya contaban con 19 sucursales, consolidándose como una marca en crecimiento dentro de la capital.

Lecaroz Tienda Lecaroz

Los orígenes: una historia que viene de Europa

Aunque muchos ubican el inicio en los años 70, los antecedentes de Lecaroz se remontan al siglo XIX.

De acuerdo con el libro “Lecaroz: panaderías y rosticerías”, de Paulina Domínguez, todo comenzó en 1884, cuando la familia Larrechea, de origen español, abrió un salón de té estilo europeo en México. Ahí preparaban repostería y platillos siguiendo técnicas tradicionales.

El éxito del negocio llevó a traer desde Europa a un técnico especializado en pastelería. Así llegó Giovanni Laposse a México en 1900, quien trabajó en la elaboración de repostería fina. Más adelante, en 1923, abrió una pequeña pastelería en la calle de Hidalgo, cerca del Palacio de Bellas Artes, donde ofrecía productos de inspiración europea.

Con el tiempo, el negocio se mudó a la calle Abraham González y posteriormente a Jalapa, en la colonia Roma, donde se estableció una fábrica y expendio de pan.

Fue en 1962 cuando Lecaroz comenzó a ganar mayor reconocimiento popular. Décadas después, en mayo de 1998, la empresa dejó de ser completamente familiar y se institucionalizó para cotizar en la Bolsa Mexicana de Valores, marcando una nueva etapa en su crecimiento.

Pastel Lecaroz Lecaroz

Más que pan dulce: el fenómeno del pollo rostizado

Si bien Lecaroz es sinónimo de pan dulce y vitrinas llenas de conchas, moños y rebanadas, hay otro producto que ha ganado fama propia: su pollo rostizado.

Jugoso, bien sazonado y con piel dorada, se ha convertido en uno de los más buscados en varias ciudades del centro del país. Para muchas familias, es sinónimo de comida práctica de fin de semana.

Además, su línea de hojaldres y pastas listas para hornear también ha conquistado a quienes buscan preparar postres o platillos más elaborados en casa. Sí, sus precios pueden ser ligeramente más altos que otras opciones del mercado, pero la marca ha apostado históricamente por mantener estándares de calidad que la distinguen.

Hoy, Lecaroz es ejemplo de cómo un negocio que empezó vendiendo pan en canastas puede convertirse en una empresa consolidada, sin perder la esencia de panadería tradicional que la vio nacer.

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