Aunque en México nunca tuvimos un parque de Disney, hubo un lugar en la Ciudad de México que, durante décadas, se sintió como uno. Un cine de barrio que, con el paso del tiempo, se transformó en un peculiar “castillo de Disney” y en el plan favorito de muchas familias capitalinas. Hoy, sin embargo, solo quedan sus ruinas y muchas historias.
El Cine Lindavista: el origen de un ícono inesperado
Ubicado en la colonia Tepeyac, entre Insurgentes Norte y Montevideo, el Cine Lindavista abrió sus puertas en diciembre de 1942 con una misión clara: llevar entretenimiento a una zona que estaba lejos de toda la ciudad (imagínate).
Desde el inicio, su arquitectura llamó la atención. La gran torre blanca que dominaba la fachada podía verse desde varias cuadras a la redonda, lo que hizo que los vecinos lo bautizaran como el Palacio de Lindavista.
Con más de mil 500 butacas y boletos que costaban menos de dos pesos, este cine se convirtió rápidamente en punto de encuentro para ver estrenos nacionales, especialmente durante la época dorada del cine mexicano.
El arquitecto detrás del “palacio”
El responsable de esta obra fue Charles Lee, un arquitecto originario de Chicago que trabajó junto a Frank Lloyd Wright y se especializó en diseñar cines y teatros en Estados Unidos, quiso traer a México el lujo y glamour de Hollywood con una entrada grande que te daba la vibra de ser una celebridad.
Pese a su importancia y popularidad, en la década de los 70 el Cine Lindavista cambió su giro, empezando con la programación enfocada en el público infantil y su icónica torre comenzó a asociarse con el famoso castillo de Disney.
A partir de entonces, la experiencia cambió por completo. De ahí que muchas familias vieron películas como La sirenita, La Bella y la Bestia, El Rey León y Aladdín. También llegaron títulos entrañables como Querida, encogí a los niños.
El declive: del esplendor al abandono
Como ocurrió con muchos cines tradicionales, la llegada de los nuevos cines terminó por desplazarlo.
Poco a poco, el público dejó de asistir.
El mantenimiento se volvió insuficiente y el recinto cayó en el abandono hasta que, finalmente, en 1997 cerró sus puertas.
Durante años, el edificio fue ocupado de forma irregular y, más tarde, el terreno fue cedido con la intención de construir un templo dedicado a Juan Diego, en el contexto de su canonización impulsada por el papa Juan Pablo II.
Sin embargo, el proyecto nunca se concretó.
Hoy, el antiguo Cine Lindavista es apenas un terreno abandonado. Donde antes se levantaba una torre que parecía sacada de un cuento, ahora hay una gran cruz de madera y restos de lo que fue un lugar emblemático.
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