Hay recetas que parecen botana, pero en realidad pueden convertirse en una comida completa. Ese es el caso de los chiles capones, un platillo tradicional de Michoacán que combina sabor intenso, sencillez y una preparación que no te roba toda la tarde.
Aunque muchas personas los sirven como antojito, en Directo al Paladar creemos que son perfectos para una comida casera acompañados de tortillas recién hechas o unas buenas quesadillas.
¿Qué son los chiles capones?
En la gastronomía tradicional de Michoacán, los chiles capones se preparan comúnmente con chile pasilla (también llamado chile negro), que se hidrata y después se cocina con jitomate o tomate verde, cebolla, ajo y, en algunas versiones, un toque dulce de piloncillo.
El término “capón” en la cocina mexicana suele referirse a ingredientes que se preparan rellenos o guisados tras haber sido suavizados o hidratados. En este caso, el chile seco se rehidrata antes de integrarse al guiso, lo que permite que conserve su textura carnosa y su sabor profundo, ligeramente ahumado.
La receta en la que nos inspiramos fue la de Merry Cooking MX, quien menciona que tradicionalmente se usan chiles pasilla/negro. Ella propone combinarlos con chile ancho para aportar un matiz más dulce y menos picante. Y sí: puedes ajustar la mezcla según tu gusto.
Además, añade queso fresco al final, ya que los sirve acompañados de quesadillas, creando un contraste delicioso entre lo salado, lo dulce y lo ligeramente picante.
Ingredientes
- 200 g de chile pasilla
- ½ litro de agua para cocer los chiles
- 1 cebolla blanca grande
- 3 a 5 dientes de ajo
- 400 g de tomate verde
- Sal y pimienta al gusto
- 1 cono pequeño de piloncillo
- 200 gramos de queso fresco
Cómo hacer chiles capones
- Tiempo total
Con ayuda de tijeras, abre los chiles y, si prefieres un sabor menos picante, retira venas y semillas. Hiérvelos en agua hasta que se hidraten y se suavicen. Reserva junto con un poco del líquido de cocción.
En otra olla, sofríe la cebolla en plumas y el ajo picado hasta que comiencen a dorar. Agrega el tomate verde picado y cocina hasta que cambie de color y suelte sus jugos.
Incorpora los chiles hidratados y un poco del agua de cocción para integrar los sabores. Sazona con sal y pimienta. Ralla un pequeño cono de piloncillo para equilibrar la acidez del tomate con un toque dulce muy característico de la cocina tradicional.
Cocina unos minutos más hasta que el guiso espese ligeramente. Antes de servir, corona con queso fresco desmoronado.
El resultado es un platillo lleno de carácter: profundo por el chile seco, fresco por el tomate verde y redondo gracias al piloncillo y el queso. Una receta tradicional michoacana que demuestra que no necesitas técnicas complicadas para comer espectacular.
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