En la calle Puebla 121, en la colonia Roma Norte, hay un lugar que ya es parte de la historia gastronómica y social de la ciudad: el Salón Covadonga. Cantina clásica, restaurante de cocina asturiana y punto de encuentro generacional, este espacio abrió sus puertas en 1958 y desde entonces se convirtió en un referente para quienes buscan buena comida, tragos largos y partidas interminables de dominó. Sin embargo, el legendario Covadonga acaba de renovar su fachada y la reacción no ha sido precisamente entusiasta. En redes sociales, varios usuarios aseguran que ahora “parece entrada de Sephora”.
Salón Covadonga: una cantina con historia en la CDMX
Entrar al Covadonga es encontrarse con una escena que parece detenida en el tiempo —en el mejor sentido—. Un salón amplio y luminoso, barra de madera al fondo, mesas pequeñas ocupadas por grupos de amigos (la mayoría arriba de los 30), risas que se mezclan con el sonido de las fichas de dominó y música popular de fondo.
Los jueves y viernes el ambiente se intensifica: es el pretexto perfecto para arrancar el fin de semana. Entre periodistas y creativos es común ver mesas completas de redacción compartiendo tragos y anécdotas.
Pero más allá del ambiente, la comida sostiene su reputación. El menú combina clásicos de cantina con especialidades españolas: tortas de milanesa o chorizo, pulpo, tortilla española, croquetas de bacalao e incluso caracoles. Una propuesta contundente que mantiene su esencia asturiana.
El restaurante abre todos los días, aunque con horarios variables según la jornada —algunos días hasta las dos de la mañana y otros con cierre más temprano—, por lo que siempre conviene consultar antes de ir.
La nueva fachada del Salón Covadonga divide opiniones
Durante décadas, la entrada del Covadonga fue parte de su identidad: un toldo negro que destacaba entre muros de piedra y conducía a unas escaleras. Al subir, un pasillo con una puerta verde con detalles dorados marcaba el acceso al bar, mientras que hacia arriba se encontraba el salón de eventos donde suelen celebrarse bodas, cumpleaños y bautizos.
Ese exterior reconocible cambió.
El toldo fue retirado y en su lugar apareció una fachada negra con grandes ventanales sostenidos por vigas blancas. Aunque el interior permanece intacto, la transformación exterior sorprendió a los habituales del lugar.
En la red social X (antes Twitter), las reacciones no se hicieron esperar. Algunos comentarios señalan: “Dejaron el Covadonga tan feo que ya parece cualquier local en Mítikah”, “Me dio tristeza ver cómo remodelaron la fachada” y “La nueva entrada parece un Sephora”.
Más allá de si gustó, es efecto de la gentrificación o están tocando un clásico, la realidad es que la remodelación tiene una carga emocional para muchos, así que es normal que la mayoría reaccione. Pero, bueno, es cuestión de acostumbrarnos.
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