Los quesos frescos, lo que necesitas saber

El mundo de los quesos es simplemente impresionante y entre mejor los conozcamos y más variedades probemos, es mucho más fácil entender con qué otros ingredientes debemos combinarlos para hacer de nuestros platillos toda una experiencia culinaria. Más aún, para obtener de cada queso lo mejor de sus características de aroma, textura y sabor.

El término frescura en los quesos es un arma de doble filo, pues en los quesos la edad sí importa, sin que ello signifique que los quesos de más tiempo sean viejos, estén secos o que se hayan estropeado. Ante todo, no debemos olvidar que en los quesos, el paso del tiempo influye en el sabor final y la textura. Dicho esto, hablemos hoy de los quesos frescos, sobre las diferencias con los quesos madurados y lo que debemos buscar al comprarlos.

Las diferencias entre los quesos frescos y los quesos madurados

Tal como podemos hablar de la juventud y la vejez en nosotros, los humanos, y también de los animales, en el caso de los quesos podemos también diferenciar entre un queso fresco y un queso madurado, de varias maneras.

La primera, es que su "piel" es mucho mejor. De hecho, se puede decir que normalmente no tienen, puesto que son realmente húmedos, y la carencia de esta piel obliga a la necesidad de consumirlos inmediatamente. Además, tampoco encontraremos una diferencia de textura entre su interior y su exterior.

Además, como resultado de su frescura, son más propensos a deteriorarse, esto también, debido a su alto contenido de humedad y a que no hay ninguna barrera entre su interior y lo que hay a su alrededor, en el exterior. De ahí, que casi todos los quesos frescos se descompongan rápidamente, de modo que cuando sucede, visiblemente podremos encontrar bacterias y mohos azules o rojos, en un lapso no mayor a cinco o siete días.

Otra de las diferencias notorias es que si bien son extraordinariamente sabrosos, en su sabor no encontramos ninguna complejidad. En los quesos maduros, la complejidad de su sabor es producto de diferentes tipos de maduración de bacterias y encimas, combinados con el paso del tiempo, que en muchas ocasiones pueden ser semanas, meses o incluso años.

Por otro lado, no está de más recordar que hay varios tipos de queso fresco, tanto por el tipo de leche con la que son preparados, como por la diferencia en los procesos elaborados, lo que da lugar a quesos más cremosos, desmenuzables o fáciles de rebanar, entre otras características.

Lo que hay que tener en cuenta antes de comprar queso fresco

Al hacer nuestras compras, debemos fijarnos en que el queso fresco que compremos, en cualquiera de sus variedades, luzca de un blanco brillante, sin corteza. Su aroma debe ser mínimo, y éste debe ser similar al de la leche. No hay que olvidar, que un aroma fuerte o amargo es señal de que el queso está agrio.

Además, debemos evitar aquellos que tengan puntos o manchas rojas, naranjas o incluso azules o verdes, lo que indica su descomposición. No debemos olvidar, que hay que consumirlo lo antes posibile, pues expuestos al aire, la mayoría de los quesos comienzan su descomposición entre los 3 y los 5 días.

Por último, combinar los quesos frescos con otros ingredientes en nuestra cocina es realmente fácil: podemos optar por hierbas aromáticas como la albahaca o por sabores más intensos como el de los tomates secos y incluso, con alguna fruta dulce como la sandía.

Imágenes | Pixabay

Ver todos los comentarios en https://www.directoalpaladar.com.mx

VER 0 Comentario

Portada de Directo al Paladar México