“Febrero loco y marzo otro poco”, dice el dicho, y este año parece que va muy en serio. Las bajas temperaturas en gran parte de México continúan, y de acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional, aún faltan frentes fríos acompañados de lluvias. Así que, si tu casa se siente más fría de lo normal, aquí va un truco sencillo, económico y, sobre todo, seguro para conservar el calor sin usar carbón, gas ni electricidad.
Cómo calentar tu casa sin carbón ni electricidad (y sin riesgos)
Durante el invierno, muchas personas recurren a soluciones rápidas como braseros, carbón o calentadores de gas. El problema es que estos métodos implican riesgos reales, desde fugas hasta intoxicaciones por monóxido de carbono. Tristemente, cada temporada de frío se reportan accidentes domésticos relacionados con este tipo de prácticas.
Por eso vale la pena apostar por alternativas seguras, aunque no sean las más estéticas. Este consejo lo compartió Luz Blanchet, conductora y creadora de contenido, quien lo define como un recurso simple, barato y funcional. Y sí: no ganará premios de diseño, pero sí hace la diferencia.
El truco que sí funciona: plástico de burbujas en las ventanas
Las ventanas cumplen su función básica: evitar corrientes de aire directas. Sin embargo, no conservan el calor. Basta con tocarlas en un día frío para notar que están prácticamente a la misma temperatura que el exterior. La solución es más sencilla de lo que imaginas: rollos de plástico de burbujas.
Qué necesitas
Plástico de burbujas (se consigue en papelerías o supermercados)
Tijeras
Un poco de cinta o adhesivo removible
Cómo hacerlo
Mide tus ventanas y corta el plástico de burbujas al tamaño necesario.
Colócalo directamente sobre el marco o el vidrio.
Si quieres reforzar el efecto, puedes poner dos o incluso tres capas.
El plástico crea una cámara de aire que ayuda a conservar el calor dentro del hogar y evita que el frío exterior se cuele con tanta facilidad. Además, deja pasar la luz del sol, lo cual suma unos grados extra de manera natural durante el día.
¿Lo mejor de todo? Es barato, no daña las paredes ni las ventanas, no implica fuego ni combustión y es temporal y removible
Cuando llegue el calor, simplemente lo quitas y listo.
No será lo más bonito del mundo, pero sí es un truco inteligente, seguro y efectivo para atravesar el invierno sin sustos. Y a veces, eso es justo lo que más se agradece.
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